Los últimos días antes de morir, Ezequiel tenía momentos de lucidez y momentos de delirio. Podía estar hablando normalmente y de repente perder el hilo de la conversación.
Estaba durmiendo cuando llegué a la habitación, la abuela aprovechó mi arribo para ir a tomar un café.
Me senté al lado de la cama y le tomé la mano, mientras se la acariciaba se despertó
-¿ Sabés? Yo te enseñé a caminar
- Sí, lo sé.
- Vaya paradoja, yo te acompaño en tus primeros pasos, y vos me acompañás en los últimos…
- No digas boludeces Ezequiel.
Sonrió. Cerró los ojos un rato, cuando los volvió a abrir me dijo:
- He visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque ardiendo sobre el hombro de Orión…
Está delirando otra vez, pensé. Volvió a sonreír, me apretó la mano. Cerró los ojos y se quedó dormido.
Nunca más los volvió a abrir.
Al mes del entierro de Ezequiel, la abuela vino a verme.
- Antes de la internación, Ezequiel me pidió que te diera esto.
Y me dio un video casete. Era Blade Runner.
- He visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque ardiendo sobre el hombro de Orion. Rayos “C” brillando en la oscuridad cerca de Tannhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
- No sé por qué me salvó la vida. Quizás en los últimos momentos amó la vida más que nunca. No sólo la suya, la de cualquiera… la mía. Buscaba las mismas respuestas que buscamos todos. ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuánto tiempo tengo? Y sólo pude verlo morir.

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